Un día en el que se pagan 5 millones de dólares por 30 segundos de televisión, 1.300 millones de alitas de pollo se untan en salsa barbacoa y toneladas de aguacates llegan al país, así es la final del fútbol americano, el evento de los eventos y un emblema para la cultura pop y el deporte.

Así es el caso de Aaron, quien vive en los suburbios de Washington con su pareja y celebra una reunión con varios amigos para ver el partido.

La idea no es precisamente original, pues durante este evento los estadounidenses consumen más de 1.300 millones de alitas de pollo, según cálculos del Consejo Nacional del Pollo, que acaba de poner en marcha una campaña para pedir al presidente de EE.UU., Donald Trump, y al Congreso que declaren el día después del Super Bowl como fiesta nacional.

«Día Nacional de Apreciación de la Alita de Pollo«, es el nombre propuesto para la conmemoración por esta asociación cuya sede está a tres calles de la Casa Blanca.

El consumo de cerveza también se dispara en esta fecha, con más de 1.200 millones de litros según varias estadísticas. De hecho, en 2016 los repartidores de cerveza tuvieron serios problemas para abastecer a la ciudad de San Francisco (California), sede de la final aquel año y que dio grandes problemas a los camiones con sus pronunciadas cuestas

Pero además, como toda buena fiesta, el Super Bowl salpica a los vecinos y los involucra en su locura ociosa.

En México, los productores de aguacates aumentan la exportación a EE.UU. las semanas previas a la cita deportiva hasta el punto en el que llegan unas 120 toneladas de este fruto para hacer principalmente guacamole, según la Asociación de Productores y Empacadores Exportadores de Aguacate de México.

Y no sólo los aguacates cruzan la frontera, la señal de la Super Bowl también lo hará para sintonizarse en 15 millones de televisores mexicanos.

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